11/28/2008

Que poco ha cambiado nuestra onda…

¿Recuerdan la canción? Si, como pueden intuir esta pequeña nota entrará en el recuerdo. Un concentrado, síntesis, recopilación… nostalgia de la buena.
La historia para mi es la siguiente: cuando bordeábamos la mayoría de edad, mi amigo Nacho, su hermano Felipe y un clásico de La Florida llamado Alex Rojas, partimos en un bus de la línea Tas Choapa a Pichidangui. Alguien nos recibiría ahí. No recuerdo quién pero el dato poco importaba. Lo que realmente me tenía preocupado era estar sentado con mi mochila en la cuneta de la costanera, encendiendo cigarrillos y disfrutando de la absoluta libertad. Sentir ese aire de “todo está por pasar”.
Bueno, en adelante experimentamos muchos veranos en el camping “El Bosque”, herencia que continuaron cultivando muchos floridanos y que se ha mantenido viva en el tiempo y el espacio de una enorme memoria colectiva que atesora una cantidad casi infinita de historias, anécdotas y mitologías; todas, partes fundacionales de nuestras vidas en comunidad.
Motivos nunca faltaron. Ahí algunos descubrieron la lectura con “Yo visité Gaminides”. Yo mismo me aventuré a abrir el cielo mientras otros conocieron el amor, la locura y la fantasía de lo que en ese entonces nos parecía la “libertad”. Todos momentos inolvidables, algunos de los cuales compartimos por última vez con Roberto… en fin.
Eso nos propusimos mostrarles a nuestras señoras. Claro, lo haremos en versión 2008, con tragos VIP, asado, colchones inflables y toda una batería de tecnología que hará parecer las experiencias pasadas como las de una secta ochentena o algo así.
Barrigas más o barrigas menos, ahí estaremos gozando en Pichidangui. Lo mejor de cada familia, como siempre, demostrando que somos un equipo y que estamos juntos en esto de sobrellevar nuestra creciente vejez. Yo ya compré mi chuleta para el asado ¿y ustedes?

11/14/2008

Palabras tardías

No acostumbro viajar muy a menudo a mi niñez, pero la situación me obliga. Hace unas semanas murió Rick Wright. Con ello también murió uno de mis más grandes anhelos: poderlo ver junto Gilmour en concierto. Mason también podría haber estado invitado… en fin.
Recuerdo haber cumplido 12 o 13 años cuando vi por primera vez el film The Wall. La música me paralizó, en especial cuatro canciones: Mother, Another brick in the wall, Comfortably numb (por sobre todas las cosas) y Run like hell. Tomé de ese álbum toda la lucha con los fantasmas propios de la adolescencia, los miedos… todo eso.
Pero luego me quedé con la música y la fui a buscar a la casettería. Tal como los niños molestaban en ese entonces por una figurita de He - Man, yo molestaba a mi padre con los discos de Pink Floyd. Cada uno de ellos era un universo particular que abría un imaginario del cual a veces me era difícil escapar. Incluso recuerdo que una chica que atendía el video club de Serafín Zamora se puso a escuchar al grupo motivada por mi inusual e infantil pasión floydiana.
En esa época no existía la Internet. De hecho el “no va más” del momento lo encarnaba el laser disc, del cual me copiaron una codiciada versión del recital The Delicate Sound of Thunder (mi papá pagó caro por ella). Aún así la información sobre grupos era escasa. Mucha gente pensaba, por ejemplo, que Pink Floyd y el personaje de la película eran la misma persona. “Él está muy loco”, me comentó una vez en tono maternal la chica guapa del video club luego de escuchar un par de discos.
Finalmente llegó Wish you were here. Aún no paso una semana sin escuchar esa canción. Lleva sonando en mis equipos y guitarras más de 17 años. Significa demasiado. Es mi pequeño himno y aunque es un lugar común en fogatas y jaranas, ambos hemos construido una relación duradera. Es por ello, además, que soy de los que piden por favor que Roger Waters no la continúe incluyendo en sus giras como solista (claramente la arruina con ese maldito final de coritos).
Todo esto explica mi gran pena y estas palabras. Hasta ahora nunca perdí la ilusión de poder ver a Gilmour y Wrigth juntos tocando Wish you were here y Comfortably numb. El regalo final ustedes lo pueden imaginar.
Finalmente, una última cosa sobre los Floyds: ¡la foto lo dice todo!
Wright descansa en paz.

11/03/2008

Última Estación

¿Cómo referirse a la primavera? Sin duda es una estación contradictoria. Por una parte, es sinónimo de buen clima (el sol comienza a adueñarse lentamente de la temporada) y los días se vuelven más largos (< happy hour). Por otro, aparecen las alergias, las añoranzas y la certeza de que, aunque nos parezca prematuro, nuevamente el ciclo de un nuevo año se comienza a cerrar.
Personalmente, este fin de año lo estoy viviendo envuelto en la nostalgia de saber que es el último que residimos con la Pame en Santiago Centro. Llevamos cuatro años viviendo aquí y leyendo los posteos de la nota anterior, me doy cuenta que soy de los pocos enamorados de la médula de esta ciudad.
Es cierto, estamos cumpliendo la máxima de cualquier capital que crece y se vuelve relevante: sus habitantes la odian, pero nadie prescinde de ella. Y cómo no odiar los bocinazos, los tacos, la movilización pública colapsada, los cuidadores de autos, el indiferente perdón del que te chocó en el metro… cómo no odiar todo eso. Les doy una fórmula: piérdanse en su ciudad.
¿No lo creen? Lo que todos detestan –creo yo- está dando paso a los nuevos Santiaguinos que huyen a los suburbios en busca de “paz” y de un patio en dónde ubicar la parrilla para asar los domingos. Por supuesto también están aquellos que fueron más allá e invadieron las zonas periféricas rurales buscando un ambiente de “campo” distinto para incrementar su calidad de vida.
Finalmente estamos los que caminamos entre el concreto con la libertad de los que caminan entre vergeles. Los que vamos a la feria el domingo a Diez de Julio y compramos entre mujeres tatuadas que cargan niños ya medios alternativos. Gente “joven” que vive en no más de 60 metros cuadrados cuyos espacios de recreación se encuentran en los lugares públicos. Personas con prospectos artísticos desconocidos (muchas veces de dudosa calidad) que necesitan del bullicio capitalino para sentir que están activos y que aún todo puede pasar. Tipos que saben dónde ir a comer, cuál es la última picada y dónde se puede tomar un trago sin que te estrangulen la billetera. Tíos que de vez en cuando se lanzan a hacer deportes en el Bustamante, compran bicicletas que puedan entrar en los ascensores y habitualmente cruzan la calle por las tardes con una botella de agua y una toalla de cara para tratar de “mantenerse en forma”.
Eso hemos hecho con la Pame durante estos últimos cuatro años. Hemos entrado a cada restaurante, a cada café y a cada bar de nuestro barrio; todos lugares que consideramos la médula de nuestra capital y que da pena dejar atrás.
Por eso antes de irme quiero dejar manifiestos mis sentimientos con respecto al down town. Para mi aún es y será el lugar donde puedes encontrar la variedad más amplia de chilenos. Desde los Audi que entran por Huérfanos cada mañana, hasta los mendigos que duermen afuera de la Posta Central, todos están por acá, sin exclusiones y eso es atractivo, auque a veces moleste.

10/06/2008

De esos sabores…

Cuando recuerdo mi infancia aparecen imágenes y sabores muy particulares y, como siempre viví en un pequeño y alejado suburbio capitalino, la onda (si es que se puede hablar de onda), la comida, la entretención… todo lo último, era posible de encontrar en el centro.
Si querías el juguete del momento: Almacenes París (Alameda con San Antonio). Lo mismo con la vestimenta. ¿Algún artículo electrónico?, ahí estaba Casa Royal. ¿Recuerdan la música del canario de la tienda Panamtur?¿las tiendas Falabella de Ahumada? Ufff, los recorridos por todos esos lugares eran realmente agotadores. Largas jornadas en donde para comprar muchas cosas había que visitar muchas tiendas. Pese a todo lo mejor estaba reservado para el final cuando había que escoger dónde comer.
Aquí lanzo mis favoritos. Un surtido de galletas Tip Top para ir al cine. Una bandeja de pollo con papas fritas, pan redondo y bebida cola en Los Pollitos Dicen. Café helado en el Paula o las tortas del Café Colonia. Una empanada de pino frita en El Rápido o un par de completos en el portal Fernández Concha. Finalmente algún petit bouche del Chez Henry o una hamburguesa en el Burguer Inn.
Seguramente todos tendrán una versión personal de esta selección, quizás, complementada con los locales pertenecientes al imaginario de cada barrio. Pollo Stop, dirán algunos; Pollo Caballo, dirán otros. Lo cierto es que Santiago era una pequeña provincia en esa época y sin muchas atracciones. Para mi gusto, el centro era (y es) el lugar. Antes me maravillaba con el Cinerama de Sta. Lucía, cine Huelén y Grand Palace. Ahora disfruto aún más con esos lugares y sus nuevos rostros. Todo ha cambiado pero de tarde en tarde todavía me animo a recorrer esos sabores. Muchos de ellos aún permanecen en la misma dirección un poco más envejecidos, un poco más como nosotros, un poco más como nuestra capital.

9/24/2008

El 18 en Canela

A Canela Baja llegué por mi mujer, ya que es el pueblo en el que su familia materna desarrolló su árbol genealógico. Se encuentra ubicado entre Los Vilos y Tongoy (un poco más al norte de la ciudad quesera de Huentelauquén) y su gentilicio es el de “canelinos”. ¿Cuál es la gracia de Canela? La mayor –a mi juicio- es la celebración de las fiestas patrias.
Hablar de Canela es por lo demás hablar de un misterio. Todos saben que con la Pame vamos habitualmente a ese lugar. Todos saben -a su vez- de los placenteros y regados dieciochos que vivimos ahí, pero nadie conoce dónde está, qué se come, de qué viven, etc.
Año a año todos los primos de mi señora se reúnen para celebrar en familia las fiestas patrias, hacer los tradicionales asados y, lo más importante, ir a la Pampilla. Este último es el gran detalle. Canela tiene su propia Pampilla en donde las familias tienen sus sitios delimitados con asaderas y comparten el 19 de septiembre comiendo, jugando fútbol, visitando los sitios de sus pares, cantando y tomando y tomando y tomando.
Las sobremesas en la Pampilla suelen ser de antología. Recuerdo al primo Rodi hablando apasionadamente de la delincuencia y proponiendo como solución “endurecer la pena de muerte”. También las remembranzas de las sesiones de espiritismo en donde se invocó la presencia del ex Presidente Allende para hacerle la siguiente pregunta: “¿Allende quién te mató? responde, si o no” (¡notable!). Así, las historias son infinitas, que Yoyocop; dónde poner la raya, en Macaya; la instalación de la grifería del maestro Pancho en la casa del Pablo; los prusianos; que él no sabe escribir porque es “alfabeto”, etc. En fin, es la importancia que posee aún la tradición oral en los pueblos. En donde suceden pocas cosas hay que inventar historias que contar, crear la propia mitología y de eso saben en Canela.
Por eso la gente se levanta con sed y las abuelas mandan a sus hijas a preparar algo para que “coman los hombres”. Sólo en Canela los ceviches son de loco y no de pescado. Los asados son de cordero o cabrito pero no de vacuno y si alguien anda en Los Vilos paseando, puede recibir un llamado con el encargo de mariscos para hacer la discada de turno. En caso contrario, se puede ir a almorzar donde la Roselia, que te va a indicar el siguiente menú: de primero hay cazuela, de segundo puede ser pescado o carne con arroz y ensalada. A eso hay que sumarle el postre. !Todo por $1.700!
Así las cosas, la macana sigue en la casa del Pablo para terminar en “el baile” o “el pub”. ¿El día siguiente? A nadie le importa. Alguien tendrá alguna idea para el almuerzo o quizás más carbón para asar. Relájate, estás en Canela.

8/24/2008

La Maison de France

Varias son las tascas en donde uno puede comer productos italianos y están en todos los formatos: informales, de gala, alternativos, etc. ¿Qué pasa cuando uno quiere probar comida francesa? Todavía tengo en mi retina la imagen del film de Katherine Zeta Jones en donde estaba a cargo de una armoniosa cocina que despacha filete mignon y otros clásicos galos cuya preparación –decía la guapa Chef- se esconde en un triple secreto: mantequilla, mantequilla y mantequilla. Todo en un ambiente extremadamente formal y “refinado”.
La Maison de France es en teoría el estado del arte de estos clásicos, eso sí, en una versión igualmente formal. Es decir, si van en lo posible usen una tenida casual pero vistan pantalón de tela. Los meseros te atenderán extremadamente bien y en adelante tu cena se transformará en una armonía de perfección, pero no esperes un ambiente extremadamente distendido en el sentido eufórico de la palabra.
Ahora volvamos a las lecciones de Katherine. Personalmente iba en busca del Foi Gras. Ya he probado la Cassoulet y el Confit de Canard, pero en ningún lugar he podido encontrar el afamado hígado de pato. En la Maison lo tienen, sólo que para solicitarlo de entrada hay que desembolsar una cifra cercana a los quince mil pesos. Primera lección de la noche: no crean en los presupuestos que te sugiere la crítica especializada. Aquí se quedaron cortos en un 50%.
En fin, postergamos el Foi Gras para una próxima ocasión y nos concentramos en una tabla de quesos. No soy un gran fan de los quesos, pero mi esposa los ama. Un gran amigo (que por casualidad se radicó en Francia) comparte ese gusto, por tanto cada vez que viene a visitarnos nos trae un camembert que expele un olor tan potente que hace parecer el camarín de un equipo de fútbol como un arreglo floral. Con eso quiero decir que la variedad que probamos era exquisita (en lo personal me encanta el emental), pero la selección era un buen grupo de exponentes premium made in Chile.
Los platos de fondo hicieron la diferencia. Mi mujer pidió Mero (al limón) acompañado de Puré de Camote y Caviar de Berenjenas. La carne del mero es un golpe de sabor. Por ser un pescado de profundidad, su textura es firme, deliciosa y muy tierna. El puré neutraliza el toque de limón del pescado y la textura grasa del caviar que, a juicio de mi esposa, exageraba un poco en la mantequilla.
Frente a mí, una Garra de Cordero apoyada sobre Cebolla Caramelizada y Risotto de Finas Hierbas. El plato es una armonía y me hizo recordar la gran distancia que existe entre mi entusiasmo por el gourmet y la cocina profesional. Para mi gusto un plato redondo y exquisito.
Así las cosas, cerramos la serie compartiendo un delicioso Crème Brûlée que sirvió para disfrutar por un momento más lo que consideramos una gran cena. Ni Zeta Jones, ni la formalidad, cambiaron esa apreciación. Sólo apareció en mí el deseo de poder probar esas mismas preparaciones en una tasca más festiva, acompañados del murmullo de la multitud que viste jeans y chaquetas sencillas, pero que no quiere privarse de los clásicos de la cocina madre de todas las cocinas internacionales. Al parecer, ese placer sólo seguirá reservado para la buena gente que nos trae la siempre deslumbrante y multifacética comida italiana.

8/11/2008

En la mesa del Lili Marlen

Hace un tiempo atrás apareció en el diario un ranking con los mejores restaurants de las colonias de inmigrantes radicadas en Chile. Ahí pude percatarme de mi escaso conocimiento sobre algunas tradiciones culinarias, tema que inmediatamente me propuse solucionar. Casualmente, un par de semanas después iba en mi auto en dirección al hogar cuando pude divisar uno de los restaurantes top de ese listado en la categoría "Alemania": Lili Marlen.
Llamé a la Pame (mi señora) y le pregunté si se animaba a cenar en este lugar, después de todo en algún momento del siglo pasado fue justamente un alemán el que llegó a Chile y abrió el árbol genealógico de mi familia. Este hecho -que permitió que nos conociéramos- me hizo considerar necesario hacerme a lo menos de una idea sobre esa tradición culinaria que no estuviera restringida únicamente a la cerveza. Y claro, por los comentarios, el Lili Marlen era el lugar. Busquen en los blogs especializados y sólo encontrarán elogios a sus platos y a su atención. Lean la crítica especializada y todas las referencias indicarán que este local es el “no va más” de la tradición gastronómica germana. Así que reservamos.
Al entrar a la gran casa que alberga al restaurante, la sensación es de estar ingresando a un lugar hermosamente decorado, pero al anunciar nuestra reserva a la mesera nos topamos con un primer problema. Rápidamente una señora (una de las propietarias imagino) apartó a quien nos atendía, la reprendió entre murmullos y luego nos dijo que pasáramos por su izquierda a ocupar una mesa. Toda esta escena, ambientada con marchas prusianas, nos hizo parecer la invitación no precisamente como un ¡bienvenidos!
Una recomendación, si estás ahí no puedes iniciar la velada sin un gran vaso de cerveza. Apagada la sed inicial, personalmente aproveché de satisfacer mi gusto por la proteína animal pidiendo el crudo de la casa. La carne estaba bien roja e impregnada de un imperceptible aliño que al acompañarse de limón, terminaba en una mezcla de gran calidad. Si te gusta el crudo, este es un excelente ejemplar.
Hecho el pedido para el plato de fondo (Lomo Kassler y Albondigas de la Casa) y mientras esperábamos, comenzamos a analizar las innumerables fotografías que alhajaban los muros del local y… ¡sorpresa! una, dos, tres, etc. fotografías de Pinochet. Ahí nos hizo sentido el uniforme de las meseras (todas usan una boina negra), y la seriedad con la que te atienden (todas impecables, atentas, pero nunca les verás una sonrisa o por lo menos esa fue nuestra impresión). Por tanto si eres sensible al pasado reciente de nuestra historia política y la imagen de ese señor no ayuda a tu digestión, debes pensar dos veces antes de reservar en este lugar, o programar precavidamente una cita con el gastroenterólogo.
El plato de fondo no desentonó. Mi lomo realmente estaba delicioso y las papas que lo acompañaban eran una maravilla. Las albóndigas de la Pame también eran muy sabrosas pero su ensalada agridulce no nos hizo tanta gracia. La cantidad de comida no es nada despreciable y si te gustan este tipo de platos te irás a casa con la panza repleta. Cerramos con un postre para los dos que sin duda recogía lo mejor de la tradición repostera alemana.
La cuenta nos llegó en una hermosa presentación acompañada de caramelos. Luego las meseras pusieron sobre nuestra mesa dos bajativos por cuenta de la casa. Esas ya son dos señales inquietantes para tu tarjeta de crédito.
Salimos del local con la sensación de haber comido bien, pero también con la sensación de haber pagado mucho por ello. Personalmente todo estuvo correcto, pero ningún plato me generó esa sensación de absoluta indiferencia con la cuenta (droga necesaria para poder desembolsar dinero). No nos atendieron mal, pero tampoco pude ver esa calidez que tanto se comenta.
En definitiva, no nos fuimos en ese estado de embriaguez emocional que uno consigue cuando descubre un gran local donde comer. Tal vez no era la mejor noche del Lili Marlen.

7/21/2008

Colchagua Valley

No es sino el activismo culinario el que me motivó a postear nuevamente en este silencioso lugar ¿Colchagua Valley? Sí, es una extraordinaria provincia que queda a sólo dos horas de Santiago en donde se puede tomar vino en cantidades y comer, comer, comer y comer.
Sí, ya estoy al tanto de los prejuicios: paseo para pensionados adinerados, turistas extranjeros o matrimonios con más de un hijo pequeño, de esos que se preguntan todo el tiempo ¿por qué? Pero ahí llegamos con la Pame a destruir los estereotipos y nos plantamos como pareja joven sin hijos que somos, a descansar de nuestras agotadoras rutinas santiaguinas.
La actividad turística en el valle es agitada y su epicentro logístico se concentra en el pueblo de Santa Cruz. De hecho ese es el nombre del hotel más famoso y costoso de la zona que, junto a su viña, forma una parte (ignoramos la cuantía) del patrimonio del empresario Carlos Cardoen. No nos detendremos en la historia de Cardoen porque la atención del fin de semana se la llevó la comida y los vinos, así que si quieren indagar: google it. Sólo les puedo anticipar una cosa: alguien tiene que hacer ese trabajo…
La primera parada y cena del viaje la hicimos en un restaurant peruano de nombre “La Casita de Barriales”. En dos palabras: In - Creíble. Si van les recomiendo comenzar con una causa limeña de jaiba. Luego mi elección para el fondo fue el lomo salteado. Con el primer trozo supe que no me había equivocado y no sólo eso, también supe que podía morir tranquilo. La Pame tuvo la misma sensación, sólo que con su ají de gallina. En resumen, no pueden perdérselo. Yo salí agradeciendo el aporte culinario que nos ha reportado el proceso de inmigración peruana. Este restaurant pasó a mi top 3 inmediatamente Al día siguiente, compramos tickets para visitar la Viña Viu Manent. El lugar es precioso y se vende solo. Exportan el 98% de su producción y el gran orgullo de su gente es la elaboración de un vino cuya cepa predominante está combinada con un “secreto”, creado por su enólogo. Los hay en Carmenere, Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot y Syrah. Nosotros preferimos las botellas tradicionales de la viña, todas de gran calidad, pero sin el "secreto". El restaurant de la casona funciona muy bien y está emplazado en un lugar precioso con paredes de adobe. La iluminación es perfecta y hay que tener presupuestado un consumo de entre 12 y 14 lucrecias por persona. La cocina está a la altura y se puede comer cordero, entrañas, ravioles caseros, entre otros platos. Pese a todo, no pude sacudirme de la impresión de Barriales.
El día siguiente lo pasamos recorriendo la Viña Casa Lapostolle. A este lugar llegamos invitados por el esposo de una amiga, quien gentilmente nos mostró todas las increíbles instalaciones que posee esta viña. Para evitar lanzarme en una piscina de adjetivos grandilocuentes, sólo puedo mostrarles un par de fotos y recomendarles ir. Insisto, no dejen de ir. Pero bahh! igual puedo socializar algunos tips como que el edificio y bodega de Lapostolle para la producción de Clos Apalta, posee seis pisos incrustados en la ladera de una montaña, que le costaron a su dueño alrededor de 10 millones de dólares. También nos enteramos que es posible arrendar una de las cuatro cabañas construidas en el lugar. Sólo tienen que hacer una vaca y juntar la módica suma de $500 dólares por cada noche. Quizás les aliviará saber que el precio incluye el desayuno.
El final del viaje decidimos pasarlo nuevamente con la buena gente de Barriales. Quisimos, además, averiguar si para la cena anterior el chef andaba en uno de esos días en que hay que jugar al Loto, o si estábamos definitivamente ante un hallazgo culinario mayor. Esta vez cambiamos la causa limeña por un cebiche de corvina (en este local se usa con “b”). De fondo pescado a la plancha y cómo no… lomo salteado. El resultado fue el mismo y sin duda el vino de la zona y este restaurant fueron la mejor noticia del fin de semana.

5/29/2008

Agua nueva, vida nueva

A comienzo de año decidí dejar de nadar por la rama del Banco Santander, y matricularme en el Club Providencia. Igual pese a que la infraestructura y los horarios son infinitamente mejores, me dio "n" lata dejar a mis compañeros de agua, al Pablo (entrenador), en fin a los amigos con los cuales compartí mi reencuentro con la natación luego de estar quince años fuera de la actividad.
Hay que decir que deportivamente el Providencia me ha aportado mucho. Doblé la cantidad de metros entrenados por jornada el 2007 y mi condición física está siete puntos de diez. Pero cuando me encanté definitivamente con este nuevo club, es con el viaje al torneo master de Mendoza. Me sentí full integrado y conocí a toda la gente con la cual hasta antes del viaje, sólo compartía pista. Todos muy buena onda, así que el saldo es súper positivo: agua y amigos nuevos.

4/28/2008

Otro matri!



Este es el matri del Claudio y la Gabi. El ahora esposo es el mejor amigo de la Pame desde primero básico y como todo se hereda en el tiempo, hemos ido compartiendo esa amistad. Ellos son realmente una pareja la raja.

Ohhhhhhhhhhh!

Bueno, para los incrédulos de siempre, ahí está: se casó Gabriel. Otro ex incendiario que termina siendo bombero. Suerte compadre, se ven la raja en las fotos. Un abrazo.

Memorable


Tal como el título lo indica, esta junta estuvo memorable, morrocotuda... lo pasamos la raja. Demasiados temas para ponernos al día, fotos, etc. Por suerte no nos quedamos cortos y pudimos soltar demasiada buena onda. En fin, lo mejor de cada familia. Por suerte hay cosas que no cambian.

3/31/2008

Se nos vino marzo


Justo cuando comenzaba a acostumbrarme, se terminaron las vacaciones. Es primera vez en mucho tiempo que me cuesta tanto desconectarme (casi no lo logro), pero por suerte estás últimas semanas fueron un torbellino de vida social, así que terminé, si o si, pasándola mortal.
Todo partió con la Pame y nuestro viaje a Cuba en donde pudimos castigarnos con las maravillas del Caribe. Hay que decir, en todo caso, que la Isla es preciosa y que nos esforzamos bastante (tratamos de interrogar a medio mundo) por entender el estado actual de la Revolución. Hicimos las clásicas dos etapas de turismo cultural en La Habana y turismo haragán en Varadero.
Ya de vuelta nos bajamos del avión en Sgto el sábado 08 de marzo a las AM 5:00hrs, sin haber cerrado un ojo durante el viaje. Llegamos apuraditos al dpto, cerramos las cortinas y nos largamos a dormir hasta las 13:00hrs. Nos levantamos y partimos rajados a comprarle el regalo a los novios. Comimos algo. Volvimos a vestirnos y partimos a Las Vertientes al matri de Cristóbal y la Pili, cuyo plato de fondo era en realidad la llegada de Gabriel desde París. Así entre abrazos, misa, anillo y besos, seguimos la fiesta un par de cuadras al interior (creo que el lugar se llamaba La Hacienda de Pirque). Todo espectacular.
Después de una serie de excesos, partimos los allegados de la casa de Cristóbal (la Pame, Yo, Pepino y Gabriel), obviamente a seguir con los excesos. Pudimos robarnos cinco Coronas y cuatro barquillos con helado de chocolate. Nos pusimos a tomar, conversar, escuchar música mientras lentamente todos nos fuimos desvaneciendo.
Al día siguiente el panorama era obvio. Sé que la Kathy llegó muy temprano con cosas para tomar desayuno y que con Pablito preferimos la modalidad “de los campeones” para comenzar la jornada. Después llegó el marido, con su esposa, y armamos el ya tradicional asado “post matri”. Ahí pasamos la tarde peluseando, compartiendo con Gabriel y botándole el agua a la piscina. Para mi fue bacán porque todavía tenía una semana de vacaciones a mi haber.
Los siguientes siete días pasaron bajo la modalidad “Non Stop”. Mí hígado aún no me habla por la tortura de esos días... en fin, realmente nos ensañamos. Fue tan cargada la agenda para festejar a Gabriel en Chile que cuando llegó el día de su partida, varios llamaron a Air France para confirmar que el vuelo efectivamente se hiciera. Ya no había energía para más. Dinero, menos. Algunos aún están haciendo horas extras para cubrir los desarreglos e ir preparando las finanzas para agosto.

2/08/2008

Me perdí a Alanis…

Con tantos blogs que generosamente nos permiten bajar discos completos de una cantidad infinita de artistas, me he dado cuenta no sólo de las bondades de la tecnología actual, sino de una gran cantidad de música que dejé de escuchar en el momento en que le debí poner atención. En fin, quizás pueda ser una reflexión medio trasnochada, pero me parece válido atacar todos esos dogmas (la mayor parte del tiempo léase “prejuicios”) con los que crecí en mi pequeño suburbio al sur de la capital.
Así es, puede sonar estúpido pero luego de ver unos videos de conciertos varios en Vía X, descubrí unas presentaciones espectaculares de Alanis Morriset. ¡Añejo! Obvio, la Pame ya me lo hizo saber, pero yo recién descubrí a Alanis y me pareció espectacular… la raja la mina en vivo. Por eso me embalé bajando cosas: Guns and Roses, B-52 (ojo con el disco Party Mix), Primus, jamiroquai, Beastie Boys, Metallica, Faith no More, Peral jam, etc; todas bandas que en algún momento de mi inocente juventud sonaron por ahí.
Que buena música. En general, todos esos discos me recordaron las pequeñas aventuras de mi adolescencia, etapa que injustamente ocupa un lugar extremadamente menor en los recuerdos de mi vida. Digo injusto, porque esos momentos representan una etapa sin matices. Está claro que muchas veces más que vivir sólo se soportó la carga, pero no por eso puedo renegar de todas las cosas espectaculares que me toco experimentar. Recuerdo haberlo comentado con mi entrañabilísima contertulia Kathy (somos amigos desde que ella cursaba 1º medio), quien en su actual calidad de psicóloga me hizo saber el poco porvenir que representaba mi persona en esa época. Bien, quizás eso le da algo de epopeya al asunto. La recuperación, los estudios…más bien la quebrá de mano al Lucero (orientador del colegio) que daba tan poco por nosotros. Quizás por eso traemos (involucro aquí a mi amigo Nacho) tantos prejuicios y esa necesidad estúpida de ser “algo” o “alguien”. No pierdan tiempo en hacer el juicio, yo no soy NADIE y la verdad estoy tranquilo.
Bueno, da lo mismo, sólo reclamo haber pasado la universidad pensando en estas cosas y haberme perdido de otros temas importantes como las canciones de Alanis, que ahora ya adulto y treintón, me parecen espectaculares. Recomendable: Hand in my pocket e Ironic.