El título lo dice todo. En esta fecha cientos de mentes poco creativas como la mía se afanan en hacer la revisión de las cosas importantes que nos pasaron durante el período. Esta es, quizás, la justificación de nuestras apuestas, la evaluación de nuestros proyectos o, la validación de lo inteligentes o torpes que fuimos durante el año. En definitiva, la visión de “igual llegué a fin de año, lo demás a la cresta”.Ahí la frustración aparece más dulce y los errores más circunstanciales que definitivos. Es la visión del turista en una ciudad cualquiera, el aprecio de eso que nos parece cándido.
Lo cierto es que este año comenzó de la peor manera. Estuve a un centímetro de una beca, pero no la obtuve. No me eché a morir. Seguí poniendo toda mi energía en los proyectos de la empresa (familiar) y éstos comenzaron a dar muy buenos resultados. Fui hasta las mismas Torres del Paine solo, aperrando con rabia. Luego cometí la imprudencia de comentarles a mis amigos que este era el mejor año en mucho tiempo, y la avalancha se me vino encima (%$•”%&”%•). Durante dos meses todo pareció irse a la mierda y a ese mismo lugar quise mandar todo con mucha convicción: empresa, proyectos de investigación, etc.
Mi profe y gran amiga Stéphanie Alenda no me permitió botar a la basura todo mi trabajo en su equipo. Con esa gran confianza que tiene en nosotros se encargó de recordarme que no la podía dejar sola. Probablemente ese momento será clave en mi futuro y nuevamente (como todo mi desarrollo académico) se lo deberé a ella.
La empresa se volvió a poner de rodillas para iniciar una nueva etapa. Las personas oscuras se fueron y llegó gente espectacular con una energía que me devolvió la esperanza en el proyecto, pero sobre todo en las personas.
En fin, me di cuenta que la fortaleza que hemos construido con la Pame es sólida. Ella también ha tenido que bailar con la fea este año, pero mientras más le pegaron, más sólida se volvió. Ambos hemos mascado el polvo, pero juntos y en medio de una gran incertidumbre decidimos jugarnos por un GRAN proyecto para marzo de 2009.
Creo, por tanto, que la moraleja de esta historia es que ya no hay moraleja. Dejé de creer en ellas, como también en las listas de logros del año que nos deja siempre en esta misma fecha. Lo único que sé no haré en el futuro, es volver a decir: “este año ha sido el mej…”.