No acostumbro viajar muy a menudo a mi niñez, pero la situación me obliga. Hace unas semanas murió Rick Wright. Con ello también murió uno de mis más grandes anhelos: poderlo ver junto Gilmour en concierto. Mason también podría haber estado invitado… en fin. Recuerdo haber cumplido 12 o 13 años cuando vi por primera vez el film The Wall. La música me paralizó, en especial cuatro canciones: Mother, Another brick in the wall, Comfortably numb (por sobre todas las cosas) y Run like hell. Tomé de ese álbum toda la lucha con los fantasmas propios de la adolescencia, los miedos… todo eso.
Pero luego me quedé con la música y la fui a buscar a la casettería. Tal como los niños molestaban en ese entonces por una figurita de He - Man, yo molestaba a mi padre con los discos de Pink Floyd. Cada uno de ellos era un universo particular que abría un imaginario del cual a veces me era difícil escapar. Incluso recuerdo que una chica que atendía el video club de Serafín Zamora se puso a escuchar al grupo motivada por mi inusual e infantil pasión floydiana.
En esa época no existía la Internet. De hecho el “no va más” del momento lo encarnaba el laser disc, del cual me copiaron una codiciada versión del recital The Delicate Sound of Thunder (mi papá pagó caro por ella). Aún así la información sobre grupos era escasa. Mucha gente pensaba, por ejemplo, que Pink Floyd y el personaje de la película eran la misma persona. “Él está muy loco”, me comentó una vez en tono maternal la chica guapa del video club luego de escuchar un par de discos.
Finalmente llegó Wish you were here. Aún no paso una semana sin escuchar esa canción. Lleva sonando en mis equipos y guitarras más de 17 años. Significa demasiado. Es mi pequeño himno y aunque es un lugar común en fogatas y jaranas, ambos hemos construido una relación duradera. Es por ello, además, que soy de los que piden por favor que Roger Waters no la continúe incluyendo en sus giras como solista (claramente la arruina con ese maldito final de coritos).
Todo esto explica mi gran pena y estas palabras. Hasta ahora nunca perdí la ilusión de poder ver a Gilmour y Wrigth juntos tocando Wish you were here y Comfortably numb. El regalo final ustedes lo pueden imaginar.
Finalmente, una última cosa sobre los Floyds: ¡la foto lo dice todo!
Wright descansa en paz.
2 comentarios:
Yo también descubrí a Pink Floyd cuando niño, como a los 10 años...
También fue el The Wall, mi inicio floydiano...
Another brick in the wall me dejó impresionado...
Con el tiempo Pink Floyd me fue envolviendo en su mundo, y a través de ellos comencé a conocer un mundo musical increíble...
Saludos,
aún recuerdo cuando cantamos una vez en guitarra juntos, necesariamente ebrios el lado b de the wall, desde hey you hasta confortably numb. Era la primera vez que alguien enganchaba también con conatarlas todas siguidas. Pasando por mi himno personal "nobody home" y gritando a mango "veraaa, veraaa" en la siguiente.
Wright se llevó a la tumba el sueño de muchos.
a todo esto, waters calla, es tiempo de jubilar.
Publicar un comentario