Hace un tiempo atrás apareció en el diario un ranking con los mejores restaurants de las colonias de inmigrantes radicadas en Chile. Ahí pude percatarme de mi escaso conocimiento sobre algunas tradiciones culinarias, tema que inmediatamente me propuse solucionar. Casualmente, un par de semanas después iba en mi auto en dirección al hogar cuando pude divisar uno de los restaurantes top de ese listado en la categoría "Alemania": Lili Marlen. Llamé a la Pame (mi señora) y le pregunté si se animaba a cenar en este lugar, después de todo en algún momento del siglo pasado fue justamente un alemán el que llegó a Chile y abrió el árbol genealógico de mi familia. Este hecho -que permitió que nos conociéramos- me hizo considerar necesario hacerme a lo menos de una idea sobre esa tradición culinaria que no estuviera restringida únicamente a la cerveza. Y claro, por los comentarios, el Lili Marlen era el lugar. Busquen en los blogs especializados y sólo encontrarán elogios a sus platos y a su atención. Lean la crítica especializada y todas las referencias indicarán que este local es el “no va más” de la tradición gastronómica germana. Así que reservamos.
Al entrar a la gran casa que alberga al restaurante, la sensación es de estar ingresando a un lugar hermosamente decorado, pero al anunciar nuestra reserva a la mesera nos topamos con un primer problema. Rápidamente una señora (una de las propietarias imagino) apartó a quien nos atendía, la reprendió entre murmullos y luego nos dijo que pasáramos por su izquierda a ocupar una mesa. Toda esta escena, ambientada con marchas prusianas, nos hizo parecer la invitación no precisamente como un ¡bienvenidos!
Una recomendación, si estás ahí no puedes iniciar la velada sin un gran vaso de cerveza. Apagada la sed inicial, personalmente aproveché de satisfacer mi gusto por la proteína animal pidiendo el crudo de la casa. La carne estaba bien roja e impregnada de un imperceptible aliño que al acompañarse de limón, terminaba en una mezcla de gran calidad. Si te gusta el crudo, este es un excelente ejemplar.
Hecho el pedido para el plato de fondo (Lomo Kassler y Albondigas de la Casa) y mientras esperábamos, comenzamos a analizar las innumerables fotografías que alhajaban los muros del local y… ¡sorpresa! una, dos, tres, etc. fotografías de Pinochet. Ahí nos hizo sentido el uniforme de las meseras (todas usan una boina negra), y la seriedad con la que te atienden (todas impecables, atentas, pero nunca les verás una sonrisa o por lo menos esa fue nuestra impresión). Por tanto si eres sensible al pasado reciente de nuestra historia política y la imagen de ese señor no ayuda a tu digestión, debes pensar dos veces antes de reservar en este lugar, o programar precavidamente una cita con el gastroenterólogo.
El plato de fondo no desentonó. Mi lomo realmente estaba delicioso y las papas que lo acompañaban eran una maravilla. Las albóndigas de la Pame también eran muy sabrosas pero su ensalada agridulce no nos hizo tanta gracia. La cantidad de comida no es nada despreciable y si te gustan este tipo de platos te irás a casa con la panza repleta. Cerramos con un postre para los dos que sin duda recogía lo mejor de la tradición repostera alemana.
La cuenta nos llegó en una hermosa presentación acompañada de caramelos. Luego las meseras pusieron sobre nuestra mesa dos bajativos por cuenta de la casa. Esas ya son dos señales inquietantes para tu tarjeta de crédito.
Salimos del local con la sensación de haber comido bien, pero también con la sensación de haber pagado mucho por ello. Personalmente todo estuvo correcto, pero ningún plato me generó esa sensación de absoluta indiferencia con la cuenta (droga necesaria para poder desembolsar dinero). No nos atendieron mal, pero tampoco pude ver esa calidez que tanto se comenta.
En definitiva, no nos fuimos en ese estado de embriaguez emocional que uno consigue cuando descubre un gran local donde comer. Tal vez no era la mejor noche del Lili Marlen.
2 comentarios:
Wilhelm, qué tal, aquí un asiduo a tu blog.
De lo que cacho, aunque no he ido, para comida alemana está el Bierstube, en Merced (www.bierstube.cl). Seguro no es tan facho, y es más barato.
Y comparto mi gran dato: el San Remo, en Cuevas con Av. Matta, donde hace un arrollado que es un manjar, blando como mantequilla, bien aliñado, bíblico. Te lo recomiendo, acompañado con papas cocidas.
Además, en el San Remo hay fricandelas, ricas, para acompañar un puré picante, o un puré de palta, con marraquetas crujientes, mantequilla, pebre... la raja, y los mozos son todos viejos clásicos y puedes jugar dominó.
Sin duda, uno de los TOP 5 de Chile, casi TOP 3, o incluso TOP 1.
Saludos,
Sebastián
Ohhh excelente dato, había escuchado comentarios sobre el arrollado de ese local. Habrá que ir a la brevedad, se agradece la sugerencia. Saludos,
Willy
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