Hace un tiempo, hablando con un amigo, conversábamos sobre lo poco gratificante que puede resultar el exceso de formalidad, atención y protocolo en una salida a cenar. Esto, porque en algunas ocasiones los llamados restaurants de “mantel largo” o haute cuisine, ponen tanto recelo en las expresiones protocolares que te hacen sentir asfixiado, sin espacio para la espontaneidad.Ahí nace –creo yo- la devoción nacional que poseemos por la picá. Es decir, ese lugar en donde sólo tenemos claro tres cosas: comeremos rico, pagaremos poco y nadie reparará en tu vestimenta.
En Chile cada uno tiene la suya para comer un plato específico y la promociona con orgullo porque la siente como propia. Así no es raro escuchar por ahí preguntas del tipo “¿has comido mechada palta en tal o cual parte?”, “¿probaste la parrillada en La Hacienda?”, etc. La evolución del concepto está –a mi juicio- en que hoy existen nuevos locales con Chef jóvenes que han rescatado esos sabores tradicionales y los han transformado en una apuesta culinaria. Algo así como una neopicá. Eso ha hecho que estemos dispuestos a pagar más dinero por platos bien preparados que anteriormente eran populares, en el sentido noble del término. En palabras de los genios de la mercadotecnia, “se le agregó valor a esos productos”.
Dejando la discusión atrás, lo realmente importante al conversar este tema es el “dato”. Esa preciada lista que hemos construido luego de años de divagar y probar los sabores de nuestra ciudad. Aquí va la mía: parrilla con harto chimichurri en La Uruguaya al mejor precio y con cerveza Corona de 1lt en la mesa. Entrecot con papas fritas en el Club Gran Avenida (también se pueden probar los pescados de cultivo que tienen en las piscinas del lugar). Arrollado con papas cocidas en el Club de la Unión Chica. Pechuga de pavo al jugo con arroz en el omnipresente Nuria. Costillar con puré picante en el Bar Nacional (también hay que probar las empanadas). Pizza churrasco en el Ricos Pollos de La Florida. Churrasco completo donde “El Guatón”. Como bonus track y aunque no suene muy bien, un familiar me contó que un buen lugar para comer lengua (de vaca) es en el hoyo.
Finalmente les dejo mi favorito desde que era niño: completo como Dios manda, con chucrut, americana, tomate, mayonesa blanca y mostaza de fuente de soda, acompañado de un néctar Watt´s de durazno bien frío. En Vicuña Mackenna esquina Santa Isabel está el Munich y ahí pueden encontrar un excelente ejemplar de esta especie.