El otro día estaba en el camarín con la felicidad de haber tenido un buen día de entrenamiento y pensé con rabia: “por qué perdí todo este tiempo”. Claro, ya no hay vuelta atrás. Hice toda mi formación de nadador por cuatro años en la U.Chile con el Coné (Eugenio Ducoing) y tuve que abandonar por una lesión rebelde en mi rodilla por indicación de un traumatólogo muy joven. Dejé el agua y por al menos 16 años no volví a intentarlo. El cigarrillo frenó las invitaciones y breves acercamientos universitarios, pero luego de cumplir los 30 años decidí volver desde la posición más humilde. Partí nadando con la buena gente del Santander (equipo que tiene todo mi aprecio) y finalmente consumé mi amor por esta actividad cuando ingresé al Club Providencia.
Aclarando el punto, debo decir que me estoy refiriendo al deporte más hermoso del mundo. Si, es relativo, pero este no es un comentario, es derechamente una apología y lo es porque el agua es un ambiente maravilloso. Los nadadores se juntan, organizan torneos, viajes y todo con un amor envidiable. De hecho las malditas marcas requieren un amor ejemplar porque cada centésima y segundo se gana con trabajo, que hasta estas alturas de la vida requiere de pura voluntad para ganarle tiempo y energía a todo (trabajo, familia, etc).
Así las cosas y a pesar que desde que dejé el club Santander para cambiarme al Providencia no he ganado ninguna maldita medalla (antes en "novicio" sacaba una por torneo), el olor a cloro, los nuevos amigos y, por sobre todo, las nuevas experiencias, me hacen muy feliz. Observo con admiración las marcas y la técnica de muchos compañeros. Algún grado de locura es recomendable para esta actividad ¿no?
Finalmente, qué puedo decir. Creo que mis cronos no son malos, pero son un techo que ya me cuesta superar por mis múltiples limitaciones (mentales, falta de espacio, obligaciones, etc). El tiempo perdido ya está perdido y a veces es mejor asumir que uno comete errores para seguir adelante. Me contento con las experiencias espectaculares que he podido vivir a pesar de no ser uno de los capos del equipo.
Los invito a ver las cosas desde ese mundo en donde todo adquiere una perspectiva diferente. Nade y sea feliz.
Fuente Foto: Karen Cooper Marinkovich.