7/11/2007

Viaje a las Torres (Parte 1)

Esta notita estaba pendiente desde abril, mes en que volví de la Patagonia luego de haber subido a las Torres del Paine, destino al que me dirigí solo aprovechando mis vacaciones laborales atrasadas.
Salí de Santiago la última semana de marzo, luego de haber gastado mucho dinero en equipos y todas esas cosas que te indican como indispensables en este tipo de viajes en los cuales no hay mucho espacio para la improvisación.
Hice mi cronograma bien ordenadito, con un mapa y los destinos a recorrer en el parque y tomé un vuelo a Punta Arenas que llegó aprox a las 16:00hrs de un día miércoles (creo). En ese lugar conseguí un tranfer a la estación de buses y esperé hasta las 20:00hrs por un bus que me dejó cerca de la medianoche en Puerto Natales.
Ese día estuvo duro porque fueron muchos piques al mismo tiempo. Más encima al llegar a Natales me di cuenta que no tenía nada reservado, por lo que tuve que pedirle ayuda a mi vecina en el bus, una señora sureña (patagónica dirían allá) que resultó ser la mamá del dueño de un cibercafé, cuyo socio tenía una pensión. Los locos se portaron un 10. No tenían camas pero me lograron conseguir espacio en otra pensión y los tickets del bus que subía a las 7am del día siguiente al parque.
Así fue no más, tomé desayuno con unos franchutes que conocían a todos los futbolistas chilenos. Eran buena onda los locos. De ahí me pasó a buscar mi bus y tres horas más tarde logré llegar al Parque Nacional Torres del Paine.
Cargué mi mochila y me tiré a caminar altiro hasta el albergue "el chileno", que según el mapa estaba a 2,5hrs de la Hostería las Torres (llanura). Ufff casi morí en ese trayecto. El drama de ir solo es que no se puede repartir el peso, por lo que mi mochila de 20kg se transformó rápidamente en mi peor enemiga (comida, cocinilla, carpa, ropa, etc). Llegué gateando, armé mi carpa y me tiré a dormir. Desperté a las 6:00hrs del día siguiente. A lo hombrecito me levanté y me lavé al aire libre con agua fría. Después me tiré a caminar al mirador (base) de Torres del Paine, el cual se encontraba a 3hrs aprox de mi campamento.
Aunque estaba raja, escalé la última parte del trayecto (rocas) y llegué al mirador. El paisaje te golpea porque detrás de una roca aparecen de repente las Torres. Debo decir que me rajé porque estaba despejado. Increíble, demasiado espectacular. Después me enteré que sólo la minoría de los turistas pueden verlas, porque la mayoría del tiempo están cubiertas por nubes.
Volví a mi carpa como a las 15:00hrs, me tiré a descansar y desperté como a las 19:00hrs. Comí algo, me duché y salí a recorrer el entorno para hacer una pausa a la vorágine que había vivido en esas dos jornadas. El itinerario a la mierda, tuve que modificarlo ahí mismo. Lo único que tenía en mente después de la primera parte del viaje era no perderme de ver el Glaciar Grey. Así que bien solo cociné por primera vez (antes me fui a puro charqui, chocolate y agua) e hice de tripas corazón, puse el reloj a las 5:30hrs(AM) para desarmar la carpa, armar la mochila y bajar a la hostería nuevamente. Continuará...

2 comentarios:

Rodrigo González Azar dijo...

Esto no tiene pero nada que ver con las Torres del Paine ni con los viajes de mi amigo personal William P.

Sucede que acabo de leer un libro cuyo final acabó de transtornarme. Sin ofender a ilustres periodistas y literatos que visitan, supongo, este web, "Hannibal", de Tomas Harris, es un relato que pone maestro final, y de paso la miel en los labios, a la historia del pulcro caníbal que siempre fascina.
Es simplemente de putísima madre el modo, déjenme decirles, en que el animal crudo de Starling se entrega por fin y completamente a la condena que tenía pendiente con Lecter, al más bello y retorcido amor, liberándonos a todos de la sed ancestral. Hombre y mujer, padre e hija, perseguidor y perseguido; carne con carne como corona al reino de los sentidos, a la deflagración de todos los fuegos en un mismo momento.

No he leído en mi vida algo más erótico.

Rodrigo González Azar dijo...

Esto no tiene nada que ver con las Torres del Paine ni con los viajes de mi amigo personal William P.

Se trata de un libro que recién termino y cuyo final acabó de transtornarme.
Sin ofender a ilustres periodistas y literatos, que supongo visitan este web, "Hannibal", de Tomas Harris, pone maestro final, y de paso la miel en los labios, a la historia del pulcro caníbal que siempre fascina.
Es de putísima madre el modo, déjenme decirles, en que el animal crudo de Starling se entrega por fin y completamente a la condena que tenía pendiente con Lecter, al más bello y retorcido amor, aliviándonos la sed ancestral. Hombre y mujer, padre e hija, perserguidor y perseguido; carne con carne corona el reino de los sentidos, la deflagración de todos los fuegos en un mismo momento.

No he leído en mi vida algo más erótico.