No se está al tanto de muchas cosas en la vida hasta que te encuentras en medio de ellas. Sin embargo, como espectador puedes comentarlo, entregar las felicitaciones correspondientes e incluso sentir los deseos de enrolarte en esos tipos de vida, parejas, etc. Detrás de esa línea vi a muchos que renegaron del matrimonio parados frente al cura asintiendo lo que hasta hace poco era descrito con un "no va conmigo".El siguiente paso en esa escala ascendente que a algunos tanto asfixia, es la paternidad. El "asunto", debo decir, nos alistó como protagonistas y trastornó cada minuto, espacio y vestigio de lo que hasta el momento era un caótico devenir de vida envuelto por nihilismo. Mucho nihilismo.
De esa forma apareció Matías llorando recostado sobre una camilla tratando de entender en segundos este nuevo mundo. Recuerdo haberme situado a su costado con la angustia de haber presenciado el tortuoso trabajo de parto de Pamela, para decirle: "Matías, soy yo... tu papá". "¿Te acuerdas cuando te hablaba desde la guatita de tu madre?". Su respuesta fue una mirada de búsqueda y su silencio el más hermoso gesto de aprobación.
Es así como a horas de dirigirme al matrimonio de un buen amigo, me nace hacer presente que después de ser padre la vejez se vuelve una aspiración de fortuna cuyo único fin es abrir un espacio de lucha por los sueños de Matías.
Después de todo el mundo está allá afuera y hay que tratar de hacer algo por cambiarlo ¿no?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario